SEAGAL: No Hay Malvado que Tres Hostias (Me) Dure...
Dios sabe (más que nada porque se lo recuerdo el primer miércoles de cada mes, cuando jugamos a póker juntos) que no respeto a mucha gente. Para que alguien se gane mi afecto, debe ser una persona íntegra, modélica y demás calificativos de esos que se dicen en los tanatorios a toro pasado.
Se podría decir que las personas que pueden dirigirse a mí sin permiso y no recibir una patada voladora se pueden contar con los dedos de la mano de una tortuga Nin-Ha (gracias eternas, compi Kostrillo, por esta nomenclatura sinpar). Toda esta parrafada es para introducirles en el mundo de una de las personas más sinceras con las que me he topado: Steven Seagal.
Un hombre sincero...
Y es que Steven es el paradigma del self-made-man. Todo empezó siendo aún un niño, en California, donde descubrió un dojo y lo vio claro (casi tan claro como cuando Bukowsky vio una botella de vino por primera vez). Y es que hay cosas que son lo que son porque no hay más remedio. Cuando alguien fabrica una bomba atómica, ya se sabe que no es para exponerla en Disneyworld; cuando nace Carmen de Mairena, todo el mundo pega el culo a la pared auotomáticamente... Pues cuando nace Steven ya se sabe que es para convertirse en el arma viva más letal del Universo, y por supuesto hacer que todo ese Universo canalla se entere de ello.
Su carta astral no deja lugar a dudas:

Esta carta no es una coña; existe!!!(guipar enlace)
Después de iniciarse en el mundo del aikido, América se le quedó pequeña, así que se fue a Japón a convertirse en el puto amo. Después de muchos años de entrenamiento su maestro lo alzó en pelotas en lo alto de un risco, figuras recortadas por la luna llena, y lo proclamó Sumo Sacerdote del Nudo Marinero y le explicó de dónde se extraía la copra. Poco después el maestro apareció en unas ruinas circulares, las venas cortadas, con una escueta nota donde ponía “Vine a soñar un hombre y creé un monstruo”. Conmovedor...
Habiendo tocado techo se dedicó a repartir su semilla rompehuesos por todo el mundo. Pero no era suficiente. Fue entonces cuando decidió dedicarse al noble arte de matar, igual que siempre, pero con cámaras grabando de por medio. Gracias a esta decisión la Humanidad ha podido sobrevivir hasta nuestros días con un mínimo de cordura. Todo gracias a la soberbia sinceridad de nuestro amigo.
Lejos de querer hacer reality shows y ajeno a las pirotecnias coreográficas quiso darles a sus películas ese toque tan característico, tan Seagal: el hiperrealismo. Porque... a ver: Tú eres el puto amo, ¿no?, un semidios, puños de acero, piernas que ni un extraño cruce de Roberto Carlos y Flash el corretón: está claro: A TI NO TE TOCA NI DIOX. Y punto. Aunque te vengan diez tipos armados hasta los dientes. En treinta segundos has hecho doce nudos margarita con sus extremidades, amputado siete piernas con tus propias manos, dejado embarazadas a tres de sus novias y hecho explotar dos cabezas sólo con esa terrible mirada de tan chiquititos ojos. Sin despeinarte. Sin torcer el rostro. No hay sudor en tu frente, ni sangre emanando de tu nariz. Nadie que no vea los cadáveres sabrá nunca, ni se imaginará jamás, que has hecho ese esfuerzo. Porque para ti hacer cosas semejantes es como quitarse las migajas del bigote.
Steven, "The Bodyguard".
Esa es la cuestión. Viendo las incongruencias argumentales de la mayoría de las películas de acción, quiso mostrar al mundo LA VERDAD. Para ilustrar esto que digo veamos las claras diferencias entre el patrón de una película-de-hostias-como-panes-cualquiera y una película-Seagal:
Película Normal:
• Alguien mata a Johnny (¡Oh, no!... ¡Johnny, Johnny, !Johnnyyyyyyy!), al cual le quedaban dos días para dejar la policía y jubilarse, barca para pescar en el lago incluída.
• Alguien viola a tu hermana.
• Alguien, incomprensiblemente, le da una paliza de órdago al prota.
• Cameo de Gary Busey.
• Media hora soporífera de sueño americano marcial y demostración de superación física, mental y escrotal (entrenamiento).
• Alguien folla.
• Aniquilación del enemigo.
Película Seagal:
• Alguien jode a Steven.
• Todos mueren.
El abismo cualitativo y cuantitativo (en nº de esbirros cadáveres) es evidente. Debemos entonces, como ya he mencionado, dar gracias a Steven por su obra, ese documento antropológico que sin duda será estudiado por las generaciones venideras.
Sí, compañeros. Gracias a Steven todo nerd del orbe tomará consciencia de que bajo a un intenso entrenamiento y un intenso afán de superación ningún hijoputa se atreverá a ponerle las manos encima jamás. Sólo necesitas pasarte treinta años partiéndote la espalda, sudando la gota gorda, para poder pasear tranquilo por las ramblas de tu ciudad, y desafiar al Universo con un jeto similar a este...
Nadie jode a Steven... (ni siquiera él mismo!)
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Como podéis comprobar, Chinorris sustenta la sección "Cine Viril" o "Las Hostias, ¡¡¡Como Panes!!!", con algo más que su Patada Giratoria...











































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engelson dijo
¡Que merecido homenaje a Steven! A mi me gusta con que aleatoria delicadeza se ensaña: a éste le meto una hostia simple, pero a éste otro le rompo el brazo por tres sitios, a ese le vuelo la pierna con una escopeta.
Mi escena favorita es una que hace de malo William Forsythe (que iba todo puesto), después de hostiarle el Steven a placer, va el William, coge una sartén y le dice: "te mataré"
Por supuesto que no le mató...
1 Junio 2006 | 03:53 PM