Allá por el 1982, siendo un niño, contemplé en los cines un extraño cartel…

Tremenda confusión la mía, cuando al poco me topé con otro cartel parecido, el de la película de Spielberg, que para mi mente infantil de aquél entonces presentaba un título más o menos igual. No ha sido hasta muchos años más tarde que en un valiente acto me decidí a visualizar uno de los filmes más PLASTELOSOS que mis ojos hayan contemplado jamás: "El E.T.E. y el oto".

Hermanos Calatrava, experimentados plasteros.

Con este film se inaugura un nuevo género: lo que daremos en denominar LA PLASTERÍA, y que viene a agrupar en su seno a todas aquellas películas que a parte de ser patéticamente malas, son aburridas y que encima no hacen gracia en absoluto, bueno, quizás la única risa que generan es la de recordar su absurda e inexplicable existencia.

Hay que ver... ¿No parecen dos gotas de agua?

Si el sueño de la razón produce monstruos, el sueño de los hermanos Calatrava produce etes y otos... Por lo visto, estos humoristas de cabaret vieron en el 82 E.T el extraterrestre en América y, antes de que llegara a España, decidieron emularla con la ayuda de Manuel Esteba –productor, guionista y director de esta joya plastera-, pero a la española, con una buena dosis de humor, o eso creían ellos.

Lo que sucede es que generaron una película anormal y extravagante, la estulticia desnuda, o más bien en mallas blancas. Rodada en prácticamente un fin de semana, en el camping Toro Bravo de Viladecans, nuestros queridísimos Calatrava despliegan todo su arte y payasada... En realidad toda la película no es más que un constante mostrar al hermano feo imitando al extraterrestre de Spielberg, que lo recrea a su aire, con jetas que realzan su natural belleza y con posturas retorcidas; los escorzos y muecas propios de un afectado de escoliosis o un enfermo de poliomielitis aguda.

John Merrick era mucho más guapo, dónde va a parar!

Poco hablaré del guión, sólo que intenta ser un calco en algunas escenas, aunque se tratase de papel de calca bastante mohoso. Hay momentos en que se atreven a hincarle el diente al humor absurdo, algo que me sorprendió. Por ejemplo, la mujer de la foto, con una aspiradora sobre el campo, iba siguiendo a un supuesto científico que, con uno de esos detectores de metales que tanto hemos visto en las últimas horas de la tarde en la playa, rastrea el terreno en busca del alienígena...

Así, domingueando con la aspiradora, sí señora...

Lo único que salvaría del film es la música de Josep Bardagí, que incluso tiene una melodía introductoria al estilo de un western de Leone que hasta engancha y todo.

No sé si recomendaros verla, si al fin decidís aventuraros en ella sólo os recomiendo que tengáis el fast-forward ("tirapalanteee!") siempe a mano.

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Fdo: Teniente Martin Kostrillo.