El tipo entre en el bar, no se quita las gafas de sol, y eso que fuera diluvia y está más negro que la pez; se vio entera la saga Matrix de una sentada y ahora sufre las secuelas (y precuelas). También viste de cuero negro, pero del que no brilla, y no tiene tetas, así que podemos estar bastante seguros de que no es Carrie-Anne Moss -aunque de tetas la Moss tampoco es que andase sobrada-. Escudriña el local de una oteada; la gente come, bebe, eructa, regurgita, se monda los dientes con palillos sin emboltorio plastiqueril, vuelve a beber, y luego vuelve a eructar: todo de lo más normalito, vaya. Hasta que de pronto lo ve, sentado en el fondo del local, y al momento sabe que es él, que no puede ser otro; su mirada ida, totalmente desaforada, enturbiada por la esquizofrenia galopante y mayumbera es el signo inequívoco.

Se acerca lentamente hace el tipo mientras la turba sigue engullendo y eructando a su alrededor. El tipo del fondo alterna la lectura compulsiva de una Micromanía de hace diez años con abrutas ojeadas enajenadas en su torno: sus miradas se encuentran al fin.

- ¿Eres Chema?
- Tal vez sí, tal ve no... tal vez a lo mejor... ¿Sabes la contraseña?

El otro mira á su espalda de soslayo para asegurarse que nadie más deja de engullir, beber y eructar, para ponerse a escuchar lo que está a punto de decir:

- "Las Rosas son Rojas y mi Alcachofa es Azul... y ahora, dime, papanatas, ¿quién mierda eres tú?...

- De acuerdo... Soy David... siéntate mamarracho.

El mamarracho se sienta y pone sobre sus rodillas el maletín que antes no he dicho que llevaba en la mano porque toda esta basura me la estoy inventando sobre la marcha.

- Si me vuelves a llamar mamarracho, lo lamentarás - dice el mamarracho, en tanto se quita las gafas y mira intensamente al papanatas con unas penetrantes y azules alcazhofillas en vinagre.

- Está bien, está bien... mi madre era una verdulera... y mi padre tenía un calabacín por cerebro así que tengo un trauma con las hortalizas... y también al pan...-dice Chema- ¿Traes mi mercancía?

- ¿Traes tú la Pasta? -dice el otro.

El psicótico asiente, le pasa a Alcachofa otro maletín aparecido de pronto por mi puto morro. Alcachofa lo abre y mira su interior, se le abren las hojillas exteriores de puro éxtasis y empieza a relamerse y salivar como si de un perraco de pavlov cualquiera se tratase. Acto seguido cierra el maletín antes de que el olor de los tortellini al pesto aderezados de anfetas llame la atención de algún zampador cicundante, y lo deposita con cuidado en el suelo para que no se vuelque la fiembrera que los contiene.

- Ahora dame lo mío -suelta David.

Y Alcachofa se lo suelta, el maletín, contenedor, a la sazón, de 200 réplicas exactas Marca Todd Macfarlane de "BrandelObregón", el protagonista de la mítica secuela, "The Fly V: la moscarda muerta invade Nueva York", dirigida por el holograma-clon de Lucio Fulci, y por el cual Jeff Goldblum fue nominado a un Premio de la Academia Mundial de Travelos. PsicoDavid abre el maletín y comprueba que no le han dado gato por mosca: está conforme; esas figurillas alcanzarán un valor incalculable en el Mercado Negro de Frikis Mutantes, y con el dinero que saque podrá al fin comprar la momia incorrupta de Tierno Galván para su particular Museo del Horrorxxx Goremaníaco.

El trato está hecho, nada más que decir, en teoría, pero la animadversión es mutua y se nota en el ambiente, podría tajarse con el machete de Jason Vorhees:

- Por cierto, papanatas, -dice Alcachofa- ¿qué tal la come Don Pimpón?

- De Puta Madre, mamarracho... casi tan bien como el cabrón ese del Moretti que todas las noches te acaricia la espalda...

Por un instante parece que se va a armar la de Dios, que los maletines van a saltar por los aires y los comensales van a dejar de zampar y eructar para presenciar venturosos cómo este par de locos se dan de hostias, pero nada de eso ocurre; ambos son profesionales, muy buenos en lo suyo, y lo saben...

Cogen sus respectivos maletines y salen por la puerta, acto seguido sacan sus tarjetas de identificación y las pasan por el lector. Es hora de fichar e irse para casa después de un arduo día de duro trabajo.

Mientras los dos se alejan calle abajo, el sol empieza a declinar proyectando largas sus sombras sobre el cemento ardiente, ya que, de repente, ahora ya no me da la real gana de que llueva, sino que prefiero un calor de torrarse...

- Oye, PsicoTxema... ¿has leído lo último en VideoArenA?

- Joder, sí, alcachofo, a esos tíos habría que encerrarlos pero ya, están como una puta cabra, los muy hijosputa...

- Ya te digo... "los muy hijosputa"; sobre todo el maricón ese del vaugan, a ese le metía yo de piños hasta que se le borrase la sonrisilla asquerosa de su puto jeto...

...

- Oye... ¿y tus gafas?

- ¡Mierda! Me las dejé junto a tu Micromanía...

- Asco de vida...

- Ya te digo... "asco de vida"...

El Vaugan, 15,26, Letras Muy Pajeras...

Nota: Cualquier parecido de esta letras y sus personajes con la realidad real y verdaderosa, debería converncerme definitivamente de que juegue (todavía más) a la puta Primitiva, a ver si dejo ya de una vez de tener que escribir estas mierdas.