"Un día, cuando empezaba ya a oscurecer, se apresuraba a subir la colina de la provincia de Kii, cuando vio una mujer agachada cerca del foso... Estaba sola y lloraba amargamente. El mercader temió que tuviera intención de suicidarse y se detuvo, para prestarle ayuda si era necesario. Vio que la mujercita era graciosa, menuda e iba ricamente vestida; su cabellera estaba peinada como era propio de una joven de buena familia.

-Distinguida señorita -saludó al aproximarse-. No llore así.. Cuénteme sus penas... me sentiré feliz de poder ayudarla.

Hablaba sinceramente, pues era un hombre de corazón.

La joven continuó llorando con la cabeza escondida entre sus amplias mangas.

-¡Honorable señorita! -repitió dulcemente-. Escúcheme, se lo suplico... Éste no es en absoluto un lugar conveniente, de noche, para una persona sola. No llore más y dígame la causa de su pena ¿Puedo ayudarla en algo?

La joven se levantó lentamente... Estaba vuelta de espaldas y tenía el rostro escondido... Gemía y lloraba alternativamente.

El viejo mercader puso una mano sobre su espalda y le dijo por tercera vez:

-Distinguida señorita, escúcheme un momento...

La honorable señorita se volvió bruscamente. Dejó caer la manga y se acarició la cara con la mano... ¡El viejo vio que no tenía ojos, nariz ni boca!..."

Extraído de MUJIMA de YAKUMO KOISUMI

Tras leer este pequeño minicuento del antiguo Japón entiende uno un poco mejor una de las más baqueteadas y crecientemente insoportables constantes del contemporáneo cine nipón de género...

Es evidente, ocultan algo chungo; o "no tienen ojos, nariz ni boca", o son todas muy feas, o tan miserables que no ganan ni para pienes... Para que luego vayan diciendo por ahí que leer es una pérdida de tiempo...

Brandelmosca, 17.23h, A Veces Pensamos...

Y ahora... la Putada, amigos, sabemos que es rastrero, que es muy ruin, muy hijoputa, pero qué se le va a hacer, somos gente sin escrúpulos...